Puertas abiertas
mariposas en vuelo
buscan noticias.

jueves, 13 de mayo de 2010

En Galicia no hay señales de Belit-Seri


Bosque de eucaliptos
Acuarela, Antón Hurtado


Me pregunto si estoy cumpliendo con los preceptos que un buen peregrino debe saber. Voy ligera de equipaje, sin lastres. Me he desprendido de todos los diálogos inconclusos y proyectos que no tienen futuro. En mi hatillo sólo guardo experiencias nuevas y las imágenes de una buena reflexión. Sin embargo, no me acostumbro a la ausencia de Belit-Seri, aunque hasta ahora haya hecho mi camino en soledad. Una soledad amable, que atempera los silencios con el sonido íntimo de la naturaleza, el eco de los que la habitan, las huellas de quienes pasaron; pero no hay señales del Escriba, y me surgen también las dudas de si ha estado alguna vez aquí.

En el Acebo dije adiós a Asturias, y desde entonces me abandonó la soledad. Galicia me recibe con un trasiego de peregrinos con prisas, que me hace añorar la tranquilidad pasada. Acepto el reto del camino, y éste se me hace fácil cuando me adapto a sus propuestas. Me lleva por sendas de tierra y piedra, suaves pendientes y llanos, tramos, corredoiras, hacia pequeñas aldeas. Me encuentro con bosques de robles y hayas, con el frescor de los valles y colinas, todo un paraíso de tonalidades verdes. Al contacto intenso con esa naturaleza se enfrenta la admiración por el trabajo del hombre, hórreos de piedra y madera, capillas, iglesias y monasterios.

Pasado Arzúa siento ya cerca Compostela. Muchas han sido las tierras andadas, los límites cruzados y los horizontes dejados atrás. La incognita de Belit-Seri sigue existiendo. Su silencio parece haberle condenado a una peregrinación errante, perdido en la leyenda de su propio nombre. Siempre ha sido así, ha hecho un misterio de su vida desde que abandonó las tierras luminosas del sur. Quizás no es Santiago la meta escogida por él, quizás no ha dejado de ser aquel guerrero que luchaba contra sus nostalgias. La respuesta no está en saber quién es peregrino en el Camino, sino aceptar las diversas maneras de vivirlo y apreciarlo como tal.

Desde Arzúa son unos cuarenta kilómetros hasta llegar al Apóstol. Dejo este lugar sin pena, poco hay ya que me detenga. Vuelvo al camino de nuevo; terrenos cultivados, prados, sendas de tierra y asfalto, pequeñas subidas y bajadas que salvo sin muchos esfuerzos. Mañana, cuando el cansancio haya desaparecido, me encontraré con su generosidad, la generosidad de un camino pródigo, para de nuevo sentir en mi piel el aire y la luz y pisar el rocio del alba. Después en la Catedral habré cumplido todos los preceptos que un peregrino debe saber y Santiago me estará esperando.

Uxa

lunes, 26 de abril de 2010

El último viaje de Teuris



("Difuntos ante el juez. Viaje por el reino egipcio de los muertos", en el museo Allard Pierson, en Amsterdam)

"Oh Osiris, tu te has ido, pero volverás, te has dormido, pero despertarás, has muerto, pero vivirás”, fragmento de los Textos de las Pirámides.

Mi nombre es Teuris, y pertenezco a una familia distinguida que desde generaciones vive en Hermopolis Magna. Esta es una ciudad importante y de gran influencia religiosa y política, consagrada a Hermes, a quien mis antepasados conocieron con el nombre de Thot. Los dioses han sido siempre generosos conmigo; he sido esposa y madre, incluso se me ha permitido disfrutar de una destacada posición en la sociedad. He tenido un hogar y bellos objetos. Aquí estaba mi casa y aquí he vivido hasta que comencé este viaje, de cualquier forma inesperado, hacia una meta en la que nunca estuve antes.

Nada estaba previsto; ayer era el presente, y ahora estoy al otro lado del tiempo. Apenas tuve margen para pedir ayuda al Conductor de las Almas en este cambio de estado hacia el Más Allá. Para los que no me conocen puedo decirles que el artista que talló mi imagen en el féretro donde descanso, ha sido fiel a la verdad. Yo era aún jóven, pero en la inmovilidad a la que que estoy sujeta durante todos los siglos, ha perdido mi rostro lo expresivo del color. Mis cabellos recogidos en la parte superior tienen el elegante estilo romano que se llevaba entonces; calzo sandalias abiertas y me adorno con algunas joyas que fueron de mi familia. En mis manos sujeto una corona de flores, como símbolo de lo noble en mi vida. Mi herencia es el futuro.

En el principio todo era oscuridad y desconcierto. Manos expertas trataron mi cuerpo con cera de abeja y aceites aromáticos y me envolvieron en largas tiras de lino, pero reservaron mi corazón, centro de vida. En su lugar dejaron un escarabeo de piedra verde y diversos amuletos que me protegerán hasta que el espíritu regrese a mí. Hubo ofrendas y oraciones en una ceremonia funeraria que celebraron los sacerdotes de Anabis para devolverme las funciones de respirar, comer, oír, ver y hablar. El libro oculto de la mirada me acompaña también. Contiene casi doscientos proverbios que me garantizan la resurrección y me dan a conocer límites, espacios y todo lo que habita en el peligroso camino de todas las noches hacia el juicio de Osiris.

La primera condición para comenzar esta ruta es demostrar mi responsabilidad ante el tribunal de los dioses, negando cualquiera de las cuarenta y dos faltas que son posibles de cometer. Cuarenta y dos dioses, una misericordia para cada una de mis culpas, toda una lista de nombres y pecados. Para ti, hombre o mujer que me visitas, es la primera entrega que te hace el museo, y aunque quizás te resulte dificil de entender completamente, vivirás junto a mí el mismo recorrido y lo emocionante y peligroso del viaje por el reino de los muertos. Antes de seguir debo aún presentarme ante un segundo tribunal, que pondrá mi corazón en la balanza. Si no está en equilibrio con la pluma de Maat, será devorado por el terrible monstruo Ammit.

No tengo muy seguro el poder encontrar la meta, y a pesar de que no me acompaña nadie, no me siento sola con las escenas grabadas en el sarcófago y que me harán de guía hasta el final. Si te acercas puedes observar que a la derecha del féretro, además de las diosas Isis y Nephthys, está el escriba Thot con la balanza. Algo más apartado y adormecido por el humo del incienso se encuentra el siempre temido Ammit. A la izquierda, Osiris sentado en un trono, e Isis de pie a su lado. Pero también -si lo prefieres- puedes seguir recorriendo el museo y observar a estos y otros dioses en distintas funciones y circunstancias. Hay además papiros, imágenes, figuritas de madera y arcilla, dibujos y otros sarcófagos que ya no contienen a nadie. No temas dejarme atrás, mi fin es llegar a la Casa de Osiris.

Después de la puesta del sol, empieza la primera de las doce horas y la primera también de las doce puertas que me separan de la Duat. Me acechan penurias y toda clase de peligros, ríos que necesito navegar, caminos y sombras que ocultan seres temibles. Finalmente tendré que aceptar la sentencia. La culminación de este asombroso viaje tiene como meta el paraíso, los paisajes maravillosos que superan la riqueza y fertilidad de la tierra. Solo entonces "será devuelto el corazón al sitio que ocupaba en mi pecho". No me duele la muerte, pero temo las tentaciones, la condena al olvido, que mi nombre no perdure, pero sobre todo tengo miedo de la dualidad en la doble sentencia de esta peregrinación al Más Allá: por un lado la amenaza de un abismo de pesadillas y espantos, la destrucción, al otro están las infinitas promesas, donde lo imposible se hace posible, el día se convierte en noche, el tiempo repetido y la vida que vuelve a nacer.

Sin embargo, no es fácil. Cualquier soledad es preferible a la de estos dioses despiadados y sin sonrisas, que esperan mi caida. La idea de un lugar armonizado de querencias, de campos fértiles y aguas fresquísimas me consuela del trance. Ahora mi sueño es avanzar, revivir en cada amanecer el concepto cíclico de la vida, lo que se ha ido regresa, lo dormido despertará y lo que está muerto volverá a ser eterno, siempre, y en constante movimiento, perpetuum mobile; siempre esperando la respuesta del Juicio Final.

lunes, 22 de marzo de 2010

Existe un lenguaje que va más allá de las palabras


Leboreiro
Acuarela: Antón Hurtado

Existe un lenguaje que va más allá de las palabras
(Paulo Coelho)





En esta larga ausencia de Belit-Seri su recuerdo asalta mi memoria con imágenes de un tiempo compartido y gestos de complicidad. No me siento sola, son ellas las que me acompañan en cada tramo silencioso del camino. Su perfil exiliado y las palabras que siempre recibo con la fidelidad acostumbrada, llenan de querencias cada capítulo de esta historia hasta hacerse tangibles en alas de una imaginación compartida, rememorando escenas de infancia y juventud.

Una de estas estampas es su afición por el buen comer. Sé que sus preferencias están en la carne asada de oveja y el pescado en salazón. Legumbres, plantas de agua, dátiles, completan la lista de sus gustos y, como no, la cerveza que ya desde tiempos ha sido bebida preferida de los que viven a orillas del agua sagrada, allá en el sur. También esta ruta a Compostela tiene en la cocina de sus pueblos el suficiente aliciente para atraer hasta aquí al escriba Belit. Por esto, conociendo su adición a los buenos platos, vuelve a mí la esperanza de un encuentro con él en algún momento de mi peregrinación.

Al atardecer llegué a Melide, lugar recogido y cuidado. En la plaza del Convento confluye el Camino Francés con el que tomé en Oviedo, y esto se nota; hay afluencia de peregrinos con el ansia desencadenada por las prisas en llegar. Olvidan que el Apóstol espera a todos en la quietud que le dieron los hombres. Castros, escudos en las fachadas, cruceros, iglesias y capillas son la herencia de esta ciudad con identidad jacobea. Suspendido en el aire un rumor etéreo de gaitas como un aleteo de vida, pone sonido a tantos encuentros. Ha sido una ruta larga hasta llegar a esta tierra de buenos dulces y mejor vino. Desde antes de llegar ya me habían hablado de esta cocina tradicional, y aunque la ciudad no es marinera, el pulpo es el plato favorito de los de aquí, sazonado de sal y un buen toque de pimentón; algo que el escriba Belit sabrá darle el valor que se merece. La tarta de Santiago para redondear la comida, y un chupito de orujo para que los peregrinos no tengan problemas de sueño.

En Melide están enmudecidas las palabras de Belit-Seri, ausente su nombre. Hago un esfuerzo para recobrar la vehemencia de nuestras letras, el deseo y el gozo de un encuentro que con tanta terquedad queremos conseguir. Todos estos mundos andados, nuestras peregrinaciones, no han hecho nada más que agrandar la distancia que nos separa, aunque no el olvido. Así, cuando el sentimiento de pérdida y el silencio manipula mi memoria, busco en el lenguaje del Camino la certeza de que existo y lo seductor del paisaje como conjuro para suavizar soledades.

Sin ninguna duda Belit-Seri no está aquí. He recorrido la ciudad hasta su punto más alto y no hay nada que muestre huellas del escriba. Como constancia de mi presencia, dejé oír su nombre ante el altar románico de la Capilla del Carmen do Castelo; las piedras son las que suelen guardar la voz para la historia. Pero yo tengo que continuar con mi peregrinaje, compaginar el camino con la busca de Belit. Dejé Melide en las horas tempranas de una mañana tibia, en dirección a Arzúa, cruzando antes el rio Furelos -un lugar de encanto- por su puente medieval con cuatro arcos y sillería de granito. Pero tampoco aquí las piedras saben del escriba; en ellas -a pesar de toda su sabiduría- sólo prevalece el paso del tiempo.

martes, 16 de febrero de 2010

Lo poético del Camino

Crucero de Melide
Acuarela: Antón Hurtado
*****

Belit, me conmueve el temor en tus palabras; la sinceridad habitual en ellas tiene un inquietante acento que se me hace difícil de aceptar. ¿Porqué ese recelo a desnudar las emociones que son inevitables, porqué esa ausencia tan cercana al olvido? Nada de esto va a poner límites a tu vida libre de aventurero, y nadie te hará renunciar a seguir peregrinando hacia tu nuevo destino. Lo cierto es que ningún camino es seguro, ni todas las etapas llevan a la justa dirección; los nombres quedan atrapados en la distancia y mantienen sus promesas con el disfraz de una mal contada leyenda. No dejes que la literatura te engañe, no creas todo lo que la fantasía te haga ver. Repasa bien el libro de La Gloria de los Reyes pues es posible que en él aparezca falseada la realidad y el Arca que buscas no se encuentre en la meta que te dicta tu camino.

El mío, mi Camino hasta el Apóstol, sigue la ruta establecida por los pasos de quienes me precedieron. Son la gramática del peregrino a Santiago. En cambio, las palabras se hacen ahora apuntes esparcidos, literatura, para recoger la memoria y superar la distancia. Por eso te escribo. Debes saber que ya llegué a Lugo después de una jornada larga por paisajes, sendas libres y una naturaleza que constantemente me sorprende. La presencia de una robusta muralla confirma la categoría de esta ciudad, acogedora y consciente de su peregrina tradición. A ella entro a través de la Puerta de San Pedro para recorrerla hasta llegar a la catedral y después buscar un lugar donde acojan a todo el que llegue a pie, para la cena y el descanso.

De nuevo en el camino. Poco a poco van surgiendo algunos peregrinos que se acercan, me adelantan y desaparecen en el trazado de esta etapa; hombres y mujeres con un destino común, con más o menos prisas y diferentes motivos para afrontar las distancias. El caminar se hace agradable, el aire acaricia pausadamente el entorno, y en el paisaje todo recibe un tinte mágico, prados, árboles, aldeas, vacas felices, brisas, olores y sendas para la paleta de un gran pintor. Ves, Belit, yo sí me dejo llevar por emociones positivas que descubren lo poético del Camino sin temer que mi sinceridad literaria se deje engañar. ¡Qué importa si las musas callan si el caminar nos descubre un lenguaje nuevo para recuperar la memoria y dar sentido a la vida! En la quietud y el silencio que me acompañan es la naturaleza que pone su voz y las imágenes. Después llegaré -si no olvido seguir las flechas amarillas- a Román da Retorta, Ferreira, Leboreira, Vilamor, entre subidas y bajadas, restos de la vía romana, pequeños cementerios, arroyos y alguna corredeira hasta entrar en Melide. Mucha literatura para mis letras cansadas.

Uxa

En el silencio de este oasis.

Imagen: Wikipedia


Cuando fui en busca del Arca de la Alianza a Etiopía, siguiendo lo escrito en el Kebra Negast:"Los emigrantes judíos que llegaron a Etiopía fueron los primogénitos de los ancianos de Israel en el séquito de Menelik, acompañando a la sagrada Arca de la Alianza, que había robado del Templo", un sacerdote de los falashas en el sitio sagrado de Tana Kirkos, me dijo: Debes saber que hemos brotado a modo de las plantas, todos podremos encontrarnos cuando nuestras raíces, muertas, nos liberen.

En busca de los deseos, nuestros corazones vuelan libres. Que la mirada del recuerdo, envuelta en el sari rojo de la pasión, te alumbre en la negrura del olvido.

Las hojas de betel que estoy masticando, regalo del sultán de esta ciudad llamada Zafar, además de perfumar el aliento producen alegría, me integran directamente en la vida divina. Pienso que es un crimen quemar mi vida de aventurero.

El silencio de este oasis, la quietud de los segundos, los cocoteros que dan sombra en el borde del desierto, las huellas de los pecados, el óxido de los años, la apretada idea del regreso, el calor de los cuerpos en el vertedero del olvido, la caricia de los besos, el origen de las voces que se repiten, todo es –Uxa- ternura desnuda, lágrimas muertas, luna llena de un minuto feliz.

En un navío recién llegado al puerto, procedente de la India, han viajado tus pergaminos; me han sido entregados por el kirani, el que lleva el diario de a bordo.

Mientras leía tus signos, imagino tu vestimenta adornada con los "speculae" que acreditan como peregrina y certifican tu paso por esos lugares mágicos donde se encuentra la Virgen, reliquias, y Santos.

Salvoconducto especial del rey de Aragón, en especial el de los del Monasterio de San Juan de la Peña, San Vicente de Roda, el Pueyo de Barbastro, Ángeles de Torreciudad, de Huesca.

En casi todos los hospitales del Altoaragón, Órdenes militares, religiosas o monásticas, todo peregrino puede estar en ellos, que así lo dispuso el rey Jaime I, de uno a tres días, sin pago alguno, mostrando las speculae recibidas en su camino.

No me dejo llevar por emociones negativas; donde nace el sol, se yerguen sobre mis fantasías de viaje, poemas que me acompañan. Ahora las musas callan. Mi sinceridad literaria teme engañar. Mi bosque, santuario de un tiempo de sueños imposibles, acoge entre sus ramas, un verde de esperanza. Ni relatos, ni poemas, ni prosa poética, nada. Solo Rosa de Alejandría que alivia mi piel seca, sin inspiración. ¿Cuándo el incienso de la resurrección? ¿Dónde el perro Argo que reconozca mi verdad oculta?

Las gaviotas cuando el mar oscurece, ríen silencios sobre los acantilados y en mis labios un recuerdo. A lo lejos está la imagen en las orillas del Nilo que se agarra libre de lodos. La música de estas palmeras, adormece, las olas de espuma tratan de borran el verdadero nombre del Escriba, Cazador de Sueños, escrito en la playa, pero no lo alcanzan. Música y olas; cuál de ellas cruzará el océano para desentrañar el secreto. Alguien tratará de leer el nombre en vano. Sobre la arena, los golpes de escritura son pasos invisibles, caprichosos. El mar, la playa, el azul, las olas, dejan desasistida la esperanza.

Uxa, en alguna senda libre de algún valle, tal vez en invierno, encontraré una historia… y me quedaré. Mi amor es hoy libertador del pasado. Allí, donde habiten caricias como latidos de flor, viviré en los límites de sus pétalos. Y me quedaré atrapado en la luz de la Vieja Luna.

Belit-Seri

Imagen: Wikipedia

lunes, 8 de febrero de 2010

Aún no tengo noticias de Belit-Seri


Nadela
Acuarela: Antón Hurtado
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http://caminanteinquieto.blogspot.com/


Aún no tengo noticias de Belit-Seri. En sus últimas palabras se sentía el cansancio, había en ellas dudas y desaliento, que con toda seguridad le han hecho incontrolable el camino y le impiden tomar cualquier decisión. A pesar de esto no creo que él rechace la belleza de los viajes, se abandone a la melancolía y a las nostalgias y deje de seguir el camino en busca de la verdad. Caminar no es algo que te impongan, no es un castigo, aunque en cierto tiempo, allá por el siglo trece, un tratado entre un conde de Flandes y el rey de Francia, forzó a unos cien caballeros a hacer el camino hacia el final de la tierra. No, no pienso que Belit se deje guiar por emociones negativas. El camino puede ser duro y exigente, dará miedo, cansancio o confusión; pero el caminar transforma, y Belit-Seri, como peregrino de la vida, sabe que todo el que realiza un esfuerzo puede tener la seguridad de encontrar lo que busca.


También para mí no hay nada que impida este deseo irresistible de seguir andando la ruta del Apostol. Como cada día me espera recien despierto el paisaje, la naturaleza encendida. Hoy dejo a Fonsagrada envuelta en el eco tibio de su leyenda y el recuerdo a Santiago. Atrás quedan las difíciles subidas; ahora el camino se hace más suave, con sendas entre pinos, eucaliptos y algún nogal. Las montañas se han hecho más discretas. El sol se muestra valiente, pero la lluvia caída ha dejado la tierra embarrada, pagajosa y absorvente. El camino está solitario y silencioso cuando llego a Montouto. En medio de esta soledad retraso mis pasos hasta estar ante el antiguo Hospital de Santiago, que -como un monarca destronado- ya no tiene protagonismo. Más tarde, después de una pendiente con piedras sueltas que pone a prueba mi paciencia y agilidad, estoy en Cárdavo pasando por el Monte de Matanza. Me llegan imágenes de un rey peregrino, de ejércitos y de batallas reñidas, y así vuelve a mí de nuevo el recuerdo de Belit-Seri, la añoranza a aquel guerrero que paseó conmigo a las sombras de los sicómoros en las tierras del sur. La historia otra vez presente, pienso, mientras me dirijo al albergue para descansar.

Me espera todavía una etapa que no me va a dar grandes problemas. Hay pocos desniveles; se alternan llanos con una ligera subida al Alto de Vaqueriza, a un santuario y –en Villabade- a una iglesia gótica con prestancia de catedral. Enfrente de ella un pazo que sirvió de cenobio y fue usado de hospital para peregrinos, muestra también su valía con escudos en su fachada. De nuevo hablan las piedras y está presente el pasado mostrando su carácter persistente. Más adelante siguen senderos, caminos pequeños y se atraviesa aldeas, Castroverde, Santa María de Gondar. Hace calor, que se hace cómplice del cansancio; los pasos se retrasan, la boca se siente seca y el cuerpo echa de menos el alimento y el reposo, pero todavía me falta superar un desvío por un polvoriento tramo, bajar una incómoda pendiente, volver a subir hasta la Puerta de San Pedro que da entrada, a través de la muralla, a la ciudad de Lugo y, aunque estoy a la espera de noticias de Belit-Seri, mañana tengo una nueva cita con el Camino.

Uxa

martes, 12 de enero de 2010

¿Hay quien sabe dónde está Belit-Seri?



Antón Hurtado: Castroverde


"Hay que cambiar la vida …

Hay que encontrar un lenguaje nuevo"
Rimbaud


He seguido caminos, he abierto puertas y mirado en rincones. Consulté libros, hice preguntas. La memoria se mostró débil, y sólo la palabra imprevisible del tiempo dejó huellas de acentos y otras formas verbales que declinan su ausencia. Nada hay que me indique dónde está Belit-Seri. Su imagen va haciéndose transparente entre sombras de olvidos, y nuestra historia tendrá un epílogo de silencios destilados de amores y recuerdos de todas las rutas que hemos andado hasta ahora. Las últimas noticias que me llegaron de él confiesan tristeza, y una pasividad atareada en lamentaciones. Parece ser que busca un paraíso libre de sendas y de compromisos, algo que únicamente puede existir en un terreno de impensables conjeturas, donde los sentimientos no tienen rostro ni voz. Creo que Belit-Seri ha perdido el rumbo de sus pasos, el destino de su peregrinación.

Otra vez ante mí el camino; el valle abierto, sendas y montañas salen a mi paso aliados a una naturaleza que trataré de descifrar. Palmo a palmo, piedra a piedra, continuaré hacia Santiago. Quizás esto me ayude a descubrir la magia que lleva a la Puerta del Conocimiento, a encontrar la energía espiritual necesaria para interpretar símbolos y silencios de templarios y monjes. Así, como aquel alquimista que conoció en el Camino del Apostol la clave de lo exotérico, también yo espero que me sea revelado el porqué de seguir andando.

He dejado atrás Grandas de Salime. La ruta sube hacia El Acebo ante la mirada plácida de algunas aldeas, prados y zonas de pinos, robles y castaños. La lluvia es silenciosa compañera en este tramo que lleva a Galicia, que sigue siendo hermana y conserva trazos semejantes, con buenos caldos y mejores cocidos, como bien sabría apreciar Belit-Seri. Siempre hacia poniente sigo sendas calladas y húmedas hasta llegar al Real Hospital de Montouto. He perdido el sentido del tiempo y éste me hace encontrar un lugar en la historia donde esforzados peregrinos reciben ayuda antes de seguir hacia el Apóstol. Más adelante voy bajando por bosques, praderas, entre vacas sumisas en soledad. Soledad y silencio, dos constantes que tienen lugar en este camino; pero nada de nostalgias ni de melancolías, aquí son una virtud.

Paradavella, Fontaneire, Cádavo; nombres, sucesos, crónicas de guerras e historias de reyes, fuentes de inspiración que pueden dejar libre de aflicciones a un escriba como Belit-Seri. Caminos embarrados, sendas de piedras sueltas, trochas y desniveles, arroyos para cruzar, todo en un paisaje generoso de impresiones y de color. Aún quedan sorpresas en el camino: tramos suaves y bosques vivos, una ermita y una iglesia gótica en Vilabade; después más robles y restos de una iglesia con un aire algo triste.

Lugo está cerca, pero el camino a Santiago me exigirá templanza y un poco más de tiempo para aplacar mi fatiga. Aún quedan muchos kilómetros por estas tierras de los albiones hasta llegar al Santo, habrá sitios encantadores y ríos alegres, senderos difíciles y otros que no lo son tanto. También me sentiré cansada como tú, Belit-Seri, y pasaré algunos momentos de miedo al enfrentarme a perros solitarios, me perderé y hasta algunas noches no tendré albergue donde dormir, pero aunque me falte la energía que pueda darme ese jacinto-piedra de Compostela no dejaré de reconciliarme cada día con el Camino y seguir hacia mi destino por él. La vida y un lenguaje nuevo me esperan.

Uxa