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viernes, 3 de febrero de 2012

Belit-Seri, ha llegado la nieve


El jardín desde el interior de casa (una foto nueva para un texto que tiene cierto tiempo)


Hay nieve en mi jardín. Nieve blanca y mullida. ¡Una preciosidad! ¡Cómo es posible que una cosa tan hermosa venga unida a lo que detesto tanto como es el frío! Me siento partida en dos, la que siente la belleza de la naturaleza, de un invierno en todo su explendor, y la que quisiera dar la vuelta hacia ese cálido sur, lejos de heladas y nieblas. ¡Imposible!, a no ser que cada una de esas partes fueran efectivamente dos. Un claro caso de dualidad deseada, de la que tú – Belit Seri – tienes que saber muy bien, aunque dudo si fue un hecho consentido o una imposición por uno de aquellos dioses que decían ser tus amigos.

No sé si me lo vas a agradecer, pero siento la necesidad de adentrarme en tu vida. Te imagino no muy alto, pelo oscuro y una cansada expresión. Silencioso, como debe ser un escriba. A simple vista no pareces ser de los que me robarían el corazón, pero …. tiene que haber algo más detrás de esa imagen que me está exigiendo tanto tiempo. Presiento que me encuentro atrapada en esa telaraña sin horas que nombrabas, intentando encontrar la luz en esas dos palabras que forman tu nombre. ¿Quién eres Belit-Seri? ¿Qué es eso dulce y amargo a la vez que hay en el sonido al nombrarte? Pienso que es en tu nombre donde encontraré la clave que dará a conocer esa dualidad que siento en tí y que marca tu silencio en la Historia. Símbolo bivalente de tu sexualidad – tendremos que aceptar lo que Platón nos enseñó, que hay en el hombre más de mujer de lo que muchos piensan - que crea esa situación propia de las cosas exteriores, visibles y conflictivas en este mundo que ya dejaste: tu nombre bajo la sombra del número par y sus correspondientes múltiplos hasta romper esa dualidad cuando, por exigencias de Isis-Sret, uno fue igual a tres y los tres fueron la misma persona.

Belit-Seri, seguiré la llamada de tu nombre hasta encontrar el secreto que oculta. ¡Qué Ishhara proteja y guarde mi promesa!

2 comentarios:

ANTONIO CAMPILLO dijo...

Sí, Pilar, extasiarse con la belleza serena, solitaria, blanca y callada, de la nieve cayendo o el paisaje nevado y no soportar su fría presencia, aparentemente, es un contrasentido que experimentamos los humanos cuando encontramos un color blanco, helado, inanimado, tallado como una escultura de mármol.
Belit-Seri, procedente de un país en el que calor y luz se unen para formar una pareja de amantes, debe sentir este contraste si se encuentra en algún lejano país de color blanco.

Un fuerte abrazo, Pilar.

siroco dijo...

Desde la residencia del sol, en éste Sur tuyo contempló extasiado la blanca nieve, leó con placer tus palabras, ahítas de la calidez de tu Málaga.

Un beso.